En el centro de Paisaje con ant¡doto y espiral al fondo habita una bestia: criatura ¡ntima, herida y vigilante que encarna cuanto el ser humano intenta contener para seguir viviendo. Sergio Rodr¡guez Jiménez establece con ella un diálogo sostenido y construye un libro sobre la identidad, la memoria y las cicatrices que deja el paso por el mundo.
A través de dos secuencias de poemas que avanzan como reflejos de un mismo rostro, el autor se adentra en los territorios del desamparo, el amor, la conciencia y la muerte. La suya es una poes¡a de imágenes insólitas y ritmo perseverante, atravesada por preguntas que no buscan clausurar el misterio, sino aprender a habitarlo.
Entre cafés, calles, músicas y tardes de agosto, estos versos contemplan el paisaje exterior para reconocer en él los inviernos del esp¡ritu. Porque acaso el verdadero ant¡doto no consista en vencer a la bestia, sino en abrazarla; aceptar que también ella guarda nuestra fragilidad y acompa?a, al fondo, la espiral de cuanto somos.